Negocios muy rentables que quieren romper el monopolio de las grandes marcas en el mercado de la lencería – Ideas – Emprendedores

Hot as hell

Sharleen Ernster pasó primero por Guess y Victoria’s Secreet (como máxima responsable de diseño de ambos negocios), antes de montar Hot as Hell, la más mediática de las empresas que están intentando revolucionar el mercado de la lencería. El hueco que, aseguran, cubre Hot as Hell es el de ropa sexy (lencería y bañadores) para personas que no tienen un cuerpo perfecto: diseños sexy para tallas que no son las medidas perfectas, sin necesidad de esconder, ni de retocar, sino de resaltar (y que además aguanten el constante lavado de este tipo de prendas de uso diario).

Ernster cuenta en las entrevistas que nunca llevaba la ropa interior de las marcas para las que trabajaba. 

 

Lively

Michelle Cordeiro Grant ha encontrado en una producción local propia (sin subcontratar), en el diseño deportivo (se le denomina en el sector athleisure, combinando athletism y leisure), y en la venta exclusiva online (para ahorrar intermediarios) una ventana de oportunidad para lanzar Lively.

Trabajar durante media década en una empresa que factura 6.415 millones de euros en ese mercado de 102.459 millones de euros algo te tiene que enseñar sobre qué es lo que le interesa a las clientas (nos referimos a Victoria’s Secret), sobre costes de producción y, sobre todo, sobre nichos que todavía no se han cubierto. O, bueno, vale, sencillamente, sobre los puntos débiles de un mercado controlado por cuatro grandes (L BRands, Hanes, Triumph y Calzedonia).

 

Me Undies

Jonathan Shokrian apuesta en Me Undies desde 2012 por un tejido propio patentado (Lenzing Modal), creado a partir de madera de haya austríaca, dando lugar a una fibra que favorece la transpirabilidad.

Fabrican en Turquía bajo certificación GOTS (Global Organic Textile Standard).

La compañia tiene una política de Satisfacción con la Primera Compra. El/la cliente/a tiene 90 días para devolver el producto (sólo la primera vez que compra) si no le gusta. Sin preguntas.

Este negocio ha centrado su marketing en podcasts de gran audiencia: Tim Ferriss, Bill Simmons y Bill Burr, por ejemplo (el efecto fuera de Estados Unidos de una estrategia está todavía por ver), donde la celebridad se vinculada a los valores de la marca.

 

Jonesy

En 2014, Rachel Jones decidió resucitar el estilo minimalista de la lencería de los años 90 (asegura que se ha inspirado en las campañas de anuncios de Calvin Klein de esa década), añadiéndole un toque deportivo (que recuerdan a los diseños de Adidas de los 70-80). ¿Estilo minimalista? Sí: un diseño, dos colores.

Fabrican en Estados Unidos, en empresas familiares repartidas por la costa noroeste de Estados Unidos. Las telas proceden de Estados Unidos y de China. La marca considera que la transparencia es un valor en su sector y, así, ofrece información, hasta el último detalle, sobre todos sus tejidos y fabricantes. Jonesy se dirige a un público más joven y sus precios están por debajo de los 25 euros, un público que sí que va a precio, pero bastante por debajo de la horquilla de edad que valora conceptos como transparencia (desde un punto de vista empresarial).

Jones, de 28 años de edad, criada en Madrid, trabaja de día en una empresa de tecnología y tenía cero experiencia en el diseño de moda.

 

Miakoda

Miakoda es una línea de ropa deportiva vegana (trabajan exclusivamente con materiales orgánicos –algodón y bambú– certificados) salida de la cabeza de las hermanas Julia Ahrens y Laura Ahrens en 2013. Fabrican en Brooklyn, Nueva York, Estados Unidos.

Para promocionar sus productos han utilizado distintas campañas en Kickstarter. Comenzaron con la línea más básica de sus productos: tops y pantalones (de nuevo, un diseño y pocos (4) colores).

 

White Rabbit

White Rabbit sustituye el tradicional algodón por fibra de bambú, que da como resultado un tejido con propiedades anti-bacterianas y un material más transpirable. La elección del bambú, no obstante, es una elección sostenible.

Lo llamativo de este negocio, fundado por Mariana Fernández y Cristian Rios, dos consultores especializados en cadenas de suministro y curtidos en PwC, está en su programa de prueba antes de comprar. Si se compra más de un producto de una misma categoría, la clienta tiene 30 días para devolver el producto si no le gusta después de llevarlo puesto, someterlo a varios lavados… (lo llaman Comfort Trial Program y trata de suplir la imposibilidad de probar el producto primero en una tienda). En el caso de que en ese plazo no les convenza, se les envía una caja para que metan el par que no han utilizado y se les devuelve el dinero. Así de sencillo.

La marca tiene su producción en una empresa familiar de México con 100 años de experiencia trabajando lencería, que paga salarios justos y que emplea a mujeres.

Los precios de sus productos rondan los 15 euros. Un porcentaje de cada compra se destina a proyectos de la ONG mexicana Fábrica Social.

 

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