Querían innovar como fuese y les salió un vino azul

Gik blue

No compiten con nadie porque su producto es nuevo, más allá de la demanda existente. Se llama Gik Blue y revoluciona el sector.

Ana Delgado 04/01/2017

Parte el equipo de Gik

Crear nuevos espacios para el consumo, centrarse en una idea global, conocer más allá de la demanda existente y asegurar la viabilidad de la estrategia. Son los cuatro principios básicos para la innovación que W. Chan Kim recoge en su libro titulado La estrategia del océano azul, lectura que inspiró al equipo fundador de Gik Blue. Que querían dar una vuelta de tuerca al sector que fuese, lo tenían claro. Que la revolución la harían en el mundo del vino, llegaría después, y ello pese a un absoluto desconocimiento de la industria vitivinícola, que lo suyo es más el diseño, la informática o la música.

Pero un buen equipo de I+D y las alianzas adecuadas, que ellos encontraron en la Facultad de Ingeniería de la UPV-EHU y en otras empresas relacionadas con la tecnología alimentaria, pueden hacer milagros. El suyo, tras más de 2 años de investigación, resultó de una mezcla de uvas tintas y blancas con un pigmento orgánico de la piel de la uva tinta, antocianina, con otro pigmento, indogotina, sobre una base de vino blanco y tinto en diferentes proporciones. El resultado: Gik Blue, un producto que, para registrarlo, han tenido que catalogar como otra bebida alcohólica en base al vino. Es decir, un vino azul.

La rebeldía innovadora

“Somos Gik y vamos a cambiar el mundo”. Así es como se anuncia este equipo que integran ya 12 componentes de entre 22 y 28 años estructurados de forma horizontal, sin cargos ni horarios de trabajo. Dicen que innovan para divertirse y agitar las cosas e, igual que en Las normas de la casa de la sidra, rompen las reglas para aclarar el horizonte. Con su anti vino se las saltan todas, desde las de los consejos reguladores, hasta las de denominación de origen. La uva procede de muchas regiones y la producción la hacen a través de acuerdos con otros bodegueros. Tampoco atienden a normas del servicio, maridajes ni a la sabiduría del sumiller. Lo suyo es un “canto poético” de 11,5 grados a la libertad.

Con sede fiscal en Bilbao, y aunque también reniegan de la catalogación de empresarios o emprendedores, el equipo se aloja en el vivero de empresas de Zitek en Portugalete. El primer lote de 300 botellas lo lanzaron en diciembre de 2014, pero no fue hasta mayo de 2015 cuanto abordaron la comercialización masiva. Los lotes ahora andan ya por las 20.000 botellas. Gik, a un precio medio de 8€ la botella, puede adquirirse en numerosos puntos de venta físicos, pero también venden a través de la web con envíos gratuitos a  todo el territorio nacional, incluidas las islas. En cuanto al target, abren una amplia horquilla que va “desde los 18 hasta los 90 años”, porque les ha sorprendido la buena acogida del producto entre los adultos. 

Su otra pasión

Hasta ahora han conseguido autofinanciarse y parece que no tienen mucha prisa por acudir a rondas de inversión. Ello no debe relacionarse, sin embargo, con la renuncia a la internacionalización. En sus planes está crecer desde España por el mercado europeo y, posteriormente, dar el salto a EE.UU, Brasil y el continente asiático. “Nunca vamos a tener una oficina fija. Internet y nuestro buzón del correo electrónico se han convertido en nuestra oficina real”, afirman. Tal vez por eso, los 80 metros cuadrados que mide su centro de operaciones en Portugalete esté ocupado por guitarras eléctricas, equipo de música y una batería, que también son “músicos amateurs”. A esta otra pasión le reservan un hueco en el apartado newsroom de su página web, donde incluyen una plataforma con una lista de reproducciones musicales al objeto de “apoyar y dar visibilidad a los nuevos músicos para revolucionar corrientes musicales”.

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