“Emprender no va de subvenciones”, lo dice una ‘startupera’ de 62 años – Gestión – Emprendedores

María Benjumea, fundadora y presidenta de Spain Startup

Acaba de celebrar la quinta edición de Spain Startup South Summit, el encuentro internacional de emprendedores, inversores y corporaciones del arco mediterráneo, sur de Europa y América Latina. Nos cuenta las conclusiones. 

Isabel García Méndez 20/01/2017

Es una hacedora de sueños o, más exactamente, una hacedora de caminos para que otros consigan sus sueños, porque, de alguna manera, de eso va South Summit: el evento que organiza desde su empresa Spain Startup y que pone en relación a los emprendedores con los inversores y las corporaciones.

Defensora nata de las bondades de ese espacio de interconexión, reconoce que llegar a la edición de este año, celebrada el pasado mes de octubre, no ha podido ser más difícil. “Este año ha sido especialmente duro: tengo 62 años y me he hinchado a trabajar toda mi vida, pero nunca he tenido tantos obstáculos como este año, donde he tenido que tomar las decisiones más difíciles hasta conseguir hacer realidad South Summit 2016. Pero no sabes lo que me ha compensado haber sorteado todos estos obstáculos y no haber tirado la toalla para ver todo lo que ahí se desarrollaba, para ver la calidad, la profesionalidad y el nivel humano que he visto ahí unido”. Aprovechando ese entusiasmo, hemos querido que nos cuente cómo ve el ecosistema emprendedor español tras esa gran cita y que nos analice por dónde van a ir los nuevos tiempos.

EMPRENDEDORES: ¿Cuál es el balance de estos cinco años de Spain Startup Summit?


María Benjumea: Ha sido espectacular. Tenemos que estar supercontentos, como país, de la gente que tenemos. Cuando empezamos con Spain Startup en 2012 había una depresión generalizada, en el mundo se nos ponía a caldo, era un año terrorífico… Nosotros, sin embargo, estábamos convencidos de que la crisis era coyuntural, pero que el cambio que traía era absolutamente estructural. Así que queríamos trasladar un doble mensaje. Por un lado, decirle a la gente de aquí que se abría un mundo de oportunidades y que era necesario cambiar el chip. Y, por el otro, contarle al resto del mundo que no sólo teníamos empresas muy potentes, sino un ecosistema incipiente que empujaba muy fuerte. Es decir, trasladar una imagen muy positiva de España. La gente salió del encuentro muy chutada,que era lo que buscábamos. Y este año yo he salido del Spain Startup South Summit con orgullo de ser española, con orgullo de la gente tan espectacular que hay. La evolución desde 2012 hasta ahora es increíble. Cada año las ediciones se superan.

EMP.: ¿Cuándo se da el paso de Spain Startup a Spain Startup South Summit?


M.B.: Empezamos en 2014 con South Summit porque queríamos crear una plataforma de encuentro internacional con un peso importante en el sur de Europa, Mediterráneo, África, Oriente y España como puerta hacia Latinoamérica, donde se dieran cita las startups, los inversores y las corporaciones en búsqueda de innovación. La participación internacional este año ha sido impresionante, no sólo en términos de competición (de los más de 3.200 proyectos presentados, el 40% eran internacionales), sino también de participación (hemos tenido más de 430 speakers y hemos contado con los fondos internacionales más potentes). También hemos recibido la visita del Founders Forum, integrado por los fundadores de algunas de las startups más potentes hoy en día, como Skype, Linkedin, Blablacar, Atari, Lastminute… Para mí, la lectura más importante es que todos ellos coincidían en que la calidad en España es brutal y que lo que se está cociendo aquí es increíble.

EMP.: Dados estos comentarios y las últimas inversiones extranjeras en nuestras startups, cabe preguntarse si se ha puesto de moda España para los grandes fondos internacionales…

M.B.: No me gusta hablar de moda. Si por moda entiendes que se han dado cuenta de la calidad de los proyectos en España, entonces absolutamente sí. Lo hemos visto en Atómico, que invirtió recientemente en Jobandtalent. O en Accel Partners, que vino por primera vez el año pasado sin haber invertido nunca en ningún proyecto español, y de las diez o 12 inversiones que ha hecho en este ejercicio, cinco o seis son españoles. Y lo mismo ocurre con Rakuten, que acaba de hacer una inversión grande en Cabify. Hay mucho interés porque hay una calidad increíble en los proyectos.

EMP.: Entonces, ¿qué diferencia hay entre una startup americana y una española?

M.B.: La diferencia no está en el nivel de las startups o en el talento, ahí no hay ninguna. En realidad, está en la apuesta por el ecosistema de los decisores, de las administraciones, de los big players. Allí se impulsa desde arriba y aquí se apoya desde abajo, fuera de las administraciones. Y, sin embargo, la evolución que está teniendo nuestro ecosistema es increíble. Hay un cambio de chip y un cambio de la sociedad. El pensamiento actual del español es: quiero ser emprendedor y sé que puedo serlo.

EMP.: ¿Es ese un emprendimiento de calidad o está contaminado por el autoempleo?


M.B.: Yo soy un caso de emprendedora por autoempleo, así que no minusvaloro nada. Cuando la crisis, se impulsó el emprendimiento y se llegó a hablar de burbuja. Pero creo que no es una cuestión de crisis, sino de que el mundo ha cambiado diametralmente y lo que necesitamos es innovación, gente creadora, que construya activamente y dinámica. Pero, además, en elMapa del emprendimiento,que elaboramos a partir de las encuestas que realizamos en el South Summit, sólo el 1% procede del paro y el 1% emprende por necesidad. La crisis ha provocado que la gente se conciba como dueña de su propio proyecto empresarial y se considere capaz de montarlo.

EMP.: Ha dicho alguna vez que todo empresario debe ser emprendedor, pero que no todo emprendedor acaba siendo empresario…

M.B.: La primera parte de esta afirmación es clarísima: desde el momento en que un empresario deja de ser emprendedor deja de tener esa creatividad, esa fuerza para hacer que su compañía salga para adelante. Pero no todo emprendedor es empresario. Hay muchas personas que empujan muy bien los proyectos desde el inicio, pero a medida que ese proyecto va creciendo, no son capaces de cambiar su manera de actuar y de hacer para cambiar la organización y la estructura. Hay que aceptar que, si no estás preparado, sea otro el que guíe la empresa.

EMP.: Eso enlaza con otra figura: la del emprendedor que busca crear éxitos que vender y no proyectos a largo plazo.


M.B.: Esa tendencia está cambiando: cada vez hay más emprendedores que buscan crear un proyecto sólido. Que el éxito pasa por la venta, bien; que pasa por la entrada de nuevos inversores, también; pero cada vez veo gente más potente. Debemos generar un contexto en España que apoye el emprendimiento y la escalabilidad, para que los proyectos puedan crecer al ritmo adecuado.

EMP.: ¿Qué áreas deben potenciarse?


M.B.: El primer pilar es permitir que estas empresas puedan contar desde el principio con un equipo potente. Y para ello debes favorecer el tratamiento fiscal de las stock options y la libre circulación del talento. También es necesario aliviar la carga fiscal de los emprendedores que empiezan y de los inversores que apuestan por ellos, sobre todo en el caso de los business angels. Y, por último, hay que facilitar las vías de financiación: no tiene sentido que a las startups se les exija las mismas garantías que a compañías más sólidas. Emprender no va de ayudas ni de subvenciones, va de que montes un proyecto sólido y sepas venderlo, porque hay mucho dinero. Se van estableciendo en España una serie de vías profesionales de financiación pública (tipo Enisa, Fonico…) que están muy bien, pero hay que cambiar los parámetros en el caso del que está empezando su negocio o está en una fase de escalabilidad fulgurante.

EMP.: ¿Cómo estamos de innovación en España?

M.B.: Hay un grado de innovación sumamente interesante en todas las industrias y sectores. Yo soy una convencida de la gente tan potente e innovadora que existe en España. Desde el punto de vista de la innovación, no tenemos nada que envidiar. Te lo dicen los partners internacionales. Lo que nos falta es potenciarlo. Esto es lanzar, lanzar y lanzar, y no cansarnos de lanzar. En este sentido, me fascina también ver el cambio de actitud de las corporaciones y los grandes partners. Nosotros hemos visto a una Endesa, un Orange, un Sabadell, un BBVA, un Ferrovial, un Accenture, un Renfe o un Correos, que siempre han ido con la prepotencia de su tamaño acercarse a las startups con humildad, con la actitud de “te necesitamos”, de “nosotros tenemos muchas cosas que te pueden ser útil para ayudarte en tu desarrollo o en tu escalabilidad, pero nosotros necesitamos tu innovación”. De manera que se genera una cultura extraordinaria del win-win para todos, de volver un poco al trueque.

Las personas primero

Ni su ambiente ni su formación hacían presagiar el futuro tan apasionante que le esperaba a esta mujer, que se autodefine como una “startupera de 62 años”: “Yo soy del año 54. A mí no me enseñaron a trabajar ni a estudiar, lo que querían era que me casara y tuviera hijos. Estudié Geografía e Historia y preparé oposiciones. Afortunadamente, me suspendieron y eso me ha permitido llevar una vida apasionante. Al poco me propusieron entrar en un proyecto de antigüedades y de arte, Taller de Arte, y me uní a él. Luego me volvieron a presentar otro proyecto, Círculo de Progreso, en 1981 y lo cogí encantada: el proyecto me permitía tener un trabajo y tiempo para mis hijos y para mi familia. Y a partir de ahí todo ha sido trabajar en el desarrollo de personas. En 1995 se convirtió en Infoempleo y ya me quedé yo sola, descubriendo mi propia capacidad para lanzar nuevos proyectos”.

La cronología emprendedora de María Benjumea continúa en 2003 lanzando, junto con la Comunidad de Madrid, el programa Lidera, “para convencer a la mujer de que podía hacer todo lo que se propusiera. En 2012 –continúa– vendí un 51% de Infoempleo y, como quería poner en valor lo que es España y las oportunidades que tienes aquí, nació Spain Startup”. Lo que más le gusta, añade, “es cuando consigues que una persona se convenza de que depende de sí mismo, de sus decisiones, que las cosas las tiene que conseguir cada uno con su esfuerzo y que, si lo haces así, puedes llegar donde te dé la gana”. 

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