CES 2017: un día menos para la movilidad del futuro

Vista general de uno de los pabellones del CES 2017 en Las Vegas. (CES)

El Consumer Electronics Show (CES) es, desde hace medio siglo, una de las citas imprescindibles a lo largo del año para los amantes de la tecnología. Además, su situación en el calendario y repercusión internacional hacen que todo lo que se presente en esta convención marque la pauta en innovación para el resto del año. Además de teléfonos móviles, ordenadores de gran potencia, televisores tan finos como una tarjeta de crédito y algún que otro gadget absurdo -mención especial para la sartén inteligente-, el CES es el escenario en el que marcas de automoción (y tecnológicas en general) presentan sus novedades en materia de movilidad, robótica y desarrollo tecnológico.

Con buena parte de las vistas centradas en la presentación de Faraday, llamada a ser la competencia de Tesla, otras muchas compañías han empleado el altavoz y trampolín de la convención para hacer llegar al mundo algunas de sus últimas creaciones. En materia de movilidad, la imparable tendencia de cambio de modelo puede observarse en la dirección que toman los fabricantes en cada una de sus novedades: los motores eléctricos han venido para quedarse, así como los sistemas de conducción autónoma y los sistemas que permitan compartir vehículos, cuya propiedad dejará de acotar también su usufructo.

Casi 200.000 personas de 150 países, según la organización, pasaron por los distintos salones y pabellones del CES en Las Vegas durante los cuatro días que estuvo abierto al público. Tanto público como profesionales pudieron disfrutar de las últimas novedades tecnológicas en distintos sectores. En movilidad, aparte de ir un paso más allá en todas las tecnologías hasta la fecha conocidas, se profundiza más en un campo llamado a protagonizar el futuro: la inteligencia artificial.

Los sistemas de inteligencia artificial incluidos en nuevos modelos de vehículos les dan posibilidades renovadas: coches que establecen una relación con el usuario, conocen su estado de ánimo y le hacen recomendaciones en relación a él, motos que pueden seguir el paso de su propietario, vehículos que se autogestionan como vehículo de carsharing para monetizarse mientras sus dueños no los utilizan… Los más de 3.000 expositores, entre los que había desde mastodónticas multinacionales hasta incipientes startups, presentaron multitud de variantes tecnológicas para satisfacer las necesidades del siglo XXI: responsabilidad medioambiental, eficiencia de tiempo y comodidad para el usuario.

Los prototipos, más que para su comercialización, se presentan para mostrar las tecnologías y avances que los modelos de producción incluirán dentro de unos años. Con esta premisa, la tendencia será la que ya se preveía: un camino que se dirige hacia la movilidad eléctrica y autónoma de forma (al menos, en España) lenta, pero segura. Los sistemas para compartir coche nacerán del propio fabricante, el mismo vehículo permitirá vender a la red eléctrica la energía que genera para hacerlo rentable, las emisiones pasarán a formar parte del pasado y los motores de combustión, especialmente el diésel, serán prácticamente prohibidos, como ya planean algunas grandes ciudades europeas.

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