400 fotos de Anders Petersen, retratista de alcohólicos, presos, prostitutas, pacientes mentales…

“El instante fotográfico tienen que ver con la intimidad conmigo mismo. Se trata de abordar la realidad y hacer algo más que describirla: tratar de estar presente en la experiencia. A veces es dulce y la vida salta a mi cámara, como los conejos. Otras, no tanto. Todo está en juego”.

Conocido por sus fotos a los habitantes de los márgenes sociales (alcohólicos, pacientes de manicomios, internos de cárceles) y también por ser el autor de la muy famosa imagen que sirvió para la cubierta del disco Rain Dogs (Tom Waits, 1985), el sueco Anders Petersen (Estocolmo, 1944) solamente retrata, y esa es su marca artística, su decisión política, su queja existencial, a quienes son invisibles para el dinero público: borrachos terminales, psicópatas delirantes, criminales encerrados…

La exposición más completa nunca montada sobre el cronista escandinavo de los outsiders que se mueven en los márgenes sociales se celebra en la ciudad alemana de Herford, en el estado de Renania del Norte-Wesfalia. Anders Petersen – Retrospective, hasta el 12 de marzo, reúne 400 imágenes de todas las series del fotógrafo en el museo Marta Herford, un pequeño y coqueto centro privado de arte alojado en un edificio diseñado por Frank Gehry.

“Busco una relación con la gente que fotografío y eso tiene mucho que ver con los deseos, los secretos y los sueños. Sus pesadillas y ansiedades son también las mías”, ha explicado Petersen para justificar la cercanía con la que practica el arte de los retratos. Su única ley, y se trata de un dictamen que garantiza la honestidad del resultado, tiene que ver con la dignidad necesaria para mostrar a los outsiders con el respeto que merecen.

Intentó dedicarse a la pintura y la literatura Petersen hizo su primera foto a los 18 años. Hasta entonces no había percibido que atesoraba el don de la mirada y había pretendido, sin demasiado éxito, dedicarse a la pintura y la escritura. Tuvo que encontrarse con Christer Strömholm(1918-2002), el padre de la fotografía moderna de Suecia, para que se le abrieran los ojos. Era 1966 y desde entonces Petersen no ha parado.

‘El blanco y negro tiene más colores que el color’

Del maestro heredó un estilo de riguroso y estricto blanco y negro —”tiene más colores que el color”, suele decir—, contraste elevadísimo, composiciones anormales, grano al borde de lo admisible y una militancia estricta con la empatía hacia los sujetos a quienes tiene ante la cámara. Desde Cafe Lehmitz, un reportaje que firmó en 1962, a los 18 años, en un bar de Hamburgo frecuentado por travestis, homosexuales, prostitutas, proxenetas, compradores de sexo y rateros, nunca ha roto el compromiso con la humanidad de los perdedores y desesperados.

Una generación permisiva con la sexualidad, el amor y la violencia La retrospectiva es un canto a la “despiadada realidad de la vida humana”, aseguran desde el museo alemán. Las fotos no sólo muestran a las personas sin derecho a gozar de una imagen pública en un tiempo en que se vende a precio muy bajo la intimidad, sino que también son el glosario de otra época. “Reflejan las actitudes de una generación que era permisiva con respecto a la sexualidad, el amor y la violencia más allá de todas las normas generalmente aplicables“, añaden los organizadores.

Siempre autorretratos

Los proyectos de Petersen siempre son autobiográficos, porque el fotógrafo no teme sumergirse en realidades drásticas e historias ocultas para contarlas desde un punto de vista personal y subjetivo. Jamás deja de estar cerca y así hace de cada fotografía su propio autorretrato. El tono siempre es de un acentuado lirismo pese a la rugosidad del contenido.

Una prisión de alta seguridad, un asilo, un manicomio… La retrospectiva muestra copias originales de todas las fases de la obra de Petersen, incluidas las series Fängelse (1981-1983), realizada en una prisión de alta seguridad; Rågång till kärleken (1991), un estudio sobre los residentes en un asilo de ancianos; Ingen har sett allt (1995), que retrata a los pacientes de una institución psiquiátrica, y SOHO (2011), sobre el lado caduco, canalla y algo avinagrado del barrio londinense.

‘Situaciones íntimas’

Con el continuo trabajo de sus diarios fotográficos y documentales de viaje, este radical activista de la fotografía como actitud crítica y ánimo poético, “nos abre los ojos a situaciones muy personales e íntimas, nos permite participar en la vida social de los demás y presenta así una crónica continua de encuentros”, resumen desde el museo.

Bebimos, bailamos, nos amábamos, llorábamos y nos reíamos Aunque hace años que ha alcanzado el estatus de fotógrafo de culto, Petersen no termina de creer que merezca tanta atención. Cuando le preguntaron por sus recuerdos sobre las muchas y eternas noches de Cafe Lehmitz, donde consiguió acceso y permiso cómplice tras convertirse en un parroquiano más, no habló del trabajo documental o su grandeza, sino que dijo: “Bebimos, bailamos, nos amábamos, llorábamos y nos reíamos”.

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